Cada día en los últimos meses un nuevo acontecimiento nos sacude de nuevo, un país que tiene que ser rescatado por el fondo europeo, una revuelta en otro continente o en el propio, el aumento de las cifras de paro..., produciéndonos la sensación de que todo se derrumba bajo nuestros pies y que cada día puede ser aún peor que el anterior.
Millones de personas en distintos lugares del mundo están siendo afectadas de manera directa por la crisis, algunos no tan lejos de nosotros sufren dramáticamente sus consecuencias, sin embargo hay un sector importante de la población a quien esta situación económica no les afecta de manera directa, pese a lo cual, casi todos estamos afectados por el pesimismo y desaliento que genera la crisis que nos impide disfrutar de las cosas que nos rodean.
Para los que no están afectados de manera directa por la crisis, resulta “peor la sensación de crisis económica que la crisis en sí misma”.
A nivel social, recibimos mensajes de políticos, financieros y personas influyentes de diferentes ámbitos de la sociedad, que podemos percibir de una forma ajustada a la realidad o no y que puede influirnos emocionalmente, aumentando la frustración, ansiedad, baja autoestima, tensiones y agresividad con los demás, en el trabajo, el hogar u otros lugares.
Si nuestro estado de ánimo está deprimido y tenemos una visión negativa de las cosas, pudiéramos decidir no intentar algún reto u objetivo que teníamos previsto, no queriendo arriesgarnos por miedo a que nos salga mal, entrando en un bucle en el que como no hacemos nada por miedo, tampoco conseguimos avanzar.
Algunos son especialmente vulnerables a la sensación de crisis, los jóvenes que están empezando en el mundo laboral, la tercera edad y las mujeres que no tienen trabajo.
A nivel individual, todos podemos hacer algunas cosas que nos ayudarán a cambiar esa sensación negativa:
- Algo tan simple como dar la vuelta a nuestro razonamiento, en vez de pensar en “lo que nos falta”, pensar en “lo que si tenemos”, en las cosas con las que contamos, en todo lo que hemos logrado, en nuestro “haber” más que en el “debe”.
- Ponernos metas razonables, primero a corto y medio plazo, para una vez alcanzadas pasar a otras más ambiciosas y de largo recorrido.
- Si estamos en una situación difícil, para poder tomar una decisión acertada, debemos conservar la tranquilidad, calcular y evaluar las variables y situaciones de forma lógica y positiva.
- Trabajar nuestra actitud para que llegado el momento seamos nosotros quienes controlemos la situación y no sea la situación la que nos controle y anule.
- Los que somos padres tenemos el deber de transmitir a nuestros hijos un mensaje positivo, de esperanza, evitando el derrotismo antes de tiempo.
A nivel institucional y social, tanto políticos como empresarios, deberían transmitir un mensaje razonable, sin caer en un optimismo infundado, buscar soluciones y explicar qué cosas se pueden hacer y cómo podemos contribuir cada uno de nosotros al éxito de esas soluciones. Un mensaje tranquilizador desde estas fuentes influyentes ayudaría mucho a reducir el miedo.
La historia de la humanidad ha demostrado la gran capacidad de adaptación al entorno que tiene el género humano. Las crisis como las desgracias pueden hundirnos o hacernos más fuertes y más sabios, tú decides como te enfrentas a ella, de tu actitud dependerá el resultado ¿saldrás airoso y fortalecido?
En las situaciones difíciles aflora lo peor y lo mejor de nosotros mismos, sin embargo en épocas de crisis, muchas personas ingeniosas y creativas consiguen sus mejores resultados y obtienen grandes éxitos en sus negocios ¿qué les hace diferentes?, tal vez la clave esté en su enfoque de las situaciones, se enfrentan a ellas de manera diferente, porque como decía Einstein “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”.