No cabe duda de que esta frase es una contradicción en si misma y nos hace pensar que cualquier cambio no está en nuestras manos, ya que no todo depende de nosotros, mas bien son nuestras circunstancias, externas y fuera de nuestro control las que nos condicionan.


Sin ánimo de entrar en discusiones filosóficas al respecto, tanto en lo que somos como en lo que hacemos y nos ocurre, influyen factores que a veces se escapan a nuestro control, sin embargo todavía hay mucho que podemos hacer para superar las situaciones que nos hacen infelices, ya sean limitaciones personales, problemas de relación, etc.


Me gustaría poder compartir con vosotros algunos artículos sobre temas que nos afectan a muchos y que para algunos representan un problema, en mayor o menor medida. En algunos casos un problema puede llegar a limitar la vida y a producir sufrimiento propio y de los que nos rodean.


Recuerda que:


La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Benjamin Franklin

viernes, 6 de abril de 2012

ORGANIZAR BIEN EL TIEMPO

El tiempo es oro, perder el tiempo, darle tiempo al tiempo, tener tiempo, el tiempo vuela, matar el tiempo…, el lenguaje cotidiano refleja que el tiempo se puede perder o ganar, aprovechar o dilapidar. La vida es tiempo, cada año dispones de 8.760 horas o de 525.600 minutos ¿Cómo lo usas? ¿Lo estás aprovechando?

El filosofo inglés Herbert Spencer decía que “tiempo es lo que los hombres siempre tratan de matar, pero que acaba por matarlos”, nuestro tiempo es finito, por lo que perder el tiempo supone consumir parte de nuestra vida. Las personas que logran resultados y consiguen objetivos, han hecho propio el lema “Carpen Diem” aprovecha el momento, gestionan bien su tiempo y organizan bien su vida.

Reflexiona, conoce tus tiempos, planifica, piensa en qué utilizas el tiempo, en qué cosas te hacen perderlo, establece prioridades.

Cada uno tiene un ritmo y necesidades diferentes
, repasa un día de tu vida, ¿Cuántas horas necesitas dormir? ¿Cuántas horas trabajas o estudias? ¿Qué actividades domésticas realizas? ¿Cuánto tiempo dedicas a los desplazamientos? Incluye también otras actividades periódicas que realizas: compras, gimnasio, tiempo de ocio. Anota el tiempo que dedicas a cada una de ellas, tal vez te sorprendas al descubrir que pasas muchas horas frente al televisor viendo programas insustanciales o que pierdes mucho tiempo con largas conversaciones telefónicas, puede que descubras que apenas dedicas tiempo a actividades que te gustaría realizar: hablar con tu pareja, jugar con tus hijos, leer un libro interesante, aprender algo nuevo.

El principio de Pareto del 80/20, aplicado generalmente a la política y economía, puede servirnos de reflexión sobre la forma en que usamos nuestro tiempo, según esta regla en la mayoría de los conjuntos, los elementos críticos son una minoría, es decir el 20% de los elementos pueden incidir en el 80% de los resultados, sobre el uso del tiempo ¿Sabemos qué actividades de las que realizamos son críticas y contribuyen a conseguir nuestros objetivos?

Hay una serie de enemigos, ladrones de tiempo que tenemos que evitar, algunos son externos, otros dependen de nosotros mismos, a continuación indico los más comunes, es vital conocerlos para poder eliminarlos:

Desorganización. Una mala organización personal hace que se pierda mucho tiempo pensando en qué vas a hacer, en qué orden, qué es más importante. Cada día, usa un pequeño rato a organizar tus tareas, establece cuales son más urgente y/o importantes, agrupa las que sean parecidas o estén dentro del mismo contexto.

Aplazar las decisiones. Toma las decisiones cuanto antes, no pospongas innecesariamente lo que tienes que hacer, las esperas e indefiniciones suelen crear angustia y confusión, restándonos eficacia.

No saber decir NO. Aceptar compromisos y peticiones que no te aportan nada y a los que no estás obligado, te harán perder tiempo.

Objetivos y plazos indefinidos. Es difícil organizarse sin tener claros los objetivos que quieres lograr. Las prioridades varían según el momento, conocer qué es importante en cada momento y distinguir lo importante de lo urgente. Establecer plazos, hay tareas que se pueden hacer en unos minutos, otras requieren días o meses, algunas hay que hacerlas dentro unas fechas concretas, cumple los plazos que has establecido.

Posponer tareas. Algunos dejan las tareas que no les gustan para más tarde, si esto sucede de manera habitual, terminarán teniendo un montón de cosas pendientes, les generará estrés y culpabilidad. Hazlas cuanto antes y te ahorrarás mucha angustia.

Incapacidad para delegar. Aprende a delegar, si no lo haces te cargarás de cosas que otros pueden hacer mejor y más rápidamente y en muchos casos con un menor coste.

Mala concentración. Separa las tareas, hazlas una tras otra, no intentes hacer varias cosas a la vez, la atención dividida hará que cometas errores y pierdas más tiempo al arreglarlos, céntrate en lo que estás haciendo en cada momento, cuando acabes esa tarea, podrás pasar a la siguiente.

Interrupciones. Una llamada de teléfono, alguien que se presenta de forma inesperada…, a veces no podemos evitar que esto suceda, pero no es solo el tiempo que ocupa en sí mismo, es además el tiempo que necesitamos luego para recuperar la concentración en lo que estábamos haciendo. Cuando estés haciendo algo que exija máxima concentración, desconecta el teléfono, si tienes visitas inesperadas, pide disculpas e intenta aplazarlas para otro momento más adecuado.

Reuniones de trabajo. Lo primero que hay que hacer es determinar si en realidad es necesaria la reunión, si así fuera, planifica de antemano los temas a tratar y establece el tiempo máximo de la misma, no hacerlo supondría una pérdida de tiempo tanto para ti como para los otros convocados.

Correos, sms, redes sociales. Establece momentos en el día para comprobarlos, tal vez 2 o 3 veces al día, evita entrar continuamente para ver si tienes alguno nuevo, salvo que se trate de una urgencia. Elimina los correos que no necesites, no puedes leer todo lo que recibes, nada te obliga a hacerlo, discrimina si vale la pena leerlo. Muchas personas pierden cada día 2 o 3 horas, incluso en horario de trabajo, leyendo correos intrascendentes.

Una vez identificados los enemigos del tiempo, intenta corregir donde sea necesario, pero no se trata de tener actitudes rígidas e inflexibles, nunca deberíamos anteponer las tareas a las personas, deberíamos contemplar las excepciones y estar al tanto de las oportunidades, no vivir agobiados por los dictados del tiempo.

Una gestión adecuada del tiempo te permitirá conseguir tus objetivos, hacer lo que deseas, aprovechar cada día de tu vida, la decisión es tuya, es tu tiempo y tú decides cómo lo utilizas.

“Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee”. Baltasar Gracián.

lunes, 19 de marzo de 2012

LA COMUNICACIÓN NO VERBAL


Hay silencios que hablan por sí solos, palabras que no dicen nada, manos que gritan, caras de poker y ojos parlanchines.

Somos seres sociales y pasamos la mayor parte de nuestras vidas con otras personas, no nos queda más remedio que comunicarnos y aprender a hacerlo lo mejor posible. Aunque damos mucha importancia a la comunicación verbal, gran parte de la comunicación la realizamos a través de canales no verbales. Importa no solo lo que decimos, sino cómo lo decimos y desde dónde.

Charles Darwin en 1872 en su libro “La expresión y las emociones en el hombre y los animales” presentaba sus ideas y observaciones sobre el lenguaje corporal y su importancia. Estudios recientes, indican que el canal verbal expresa información, mientras el no verbal hace lo propio con las expresiones, estados y actitudes, y en algunas ocasiones, sustituye al canal verbal. Según estos estudios entre un 60% y un 80% de la comunicación no es verbal, la influencia de las palabras supone un 7%; el tono de voz, la cadencia y la frecuencia el 38% y la gestualidad el 55%.

Dentro de la comunicación no verbal estarían: los gestos, movimientos del cuerpo, el tono de la voz, la cadencia, incluso la ropa que nos ponemos y nuestro olor corporal. La comunicación no verbal, servirá para apoyar nuestras palabras y reforzarlas, o contradecir lo que decimos. Todos hemos experimentado situaciones en las que lo que nos decían con palabras, no correspondía con lo que la cara, la postura o los ojos de nuestro interlocutor decían.

Hay algunas capacidades como sonreír, succionar, elevar las cejas, fruncir el ceño… que están presentes en todo el mundo, incluso niños ciegos y sordos, de manera innata, manifiestan esos gestos. Otros gestos están influidos por la cultura en la que nos desenvolvemos.

A continuación vamos a ver una serie de ideas que son aplicables a muchos de los entornos y circunstancias en las que nos movemos:

Respetar el espacio personal

Cada individuo tiene su propio territorio, ese espacio personal será mayor cuanto menos conozcamos a la persona. Con los que no conocemos, la “zona pública” es alrededor de 3/6 m; la” zona social” de entre 1,2/3,6 m; la “zona personal” estaría entre 46 cm/1,2 m; y es la “zona íntima”, a la que invitamos a muy pocos, la más pequeña de 15/46 cm. Cuando alguien se acerca más de lo que adecuado e invade una zona que no le corresponde, produce malestar y rechazo en la otra persona.

Posturas a cuidar

Si durante una conversación te cruzas de brazos o piernas, suele significar una actitud defensiva, transmitiendo el mensaje de que te importa muy poco lo que te están diciendo. Si las mantenemos ligeramente abiertas mostraremos una actitud negociadora y cordial. Morderse las uñas, chasquear los dedos o dar golpecitos con ellos en la mesa, sería muestra de nerviosismo e inseguridad.

La inclinación de cuerpo también demostrará nuestro interés por el interlocutor, tendemos a acercarnos cuando nos interesa lo que nos dicen y a retirarnos cuando no estamos cómodos, incluso deslizándonos en el asiento.

Hay una serie de gestos que pueden indicar que lo que estás diciendo es falso, por ejemplo: taparte la boca con la mano, tocarte la nariz, rascarte el cuello, frotarte los ojos, pueden transmitir que no estás siendo honesto, evita esos gestos, si acaso tócate la barbilla para demostrar interés y reflexión.

Hablando con las manos

En general las palmas de las manos abiertas hacia arriba indican sinceridad, por el contrario si están hacia abajo significa dominancia y a veces poca honestidad. Si cruzamos las manos por detrás de la espalda, denotamos un alto grado de seguridad en nosotros mismos. Cuando saludamos, el apretón de manos vertical indica igualdad, si nuestra mano está encima muestra dominio y si está debajo sumisión. Si damos la mano con fuerza significa seguridad, lo contrario transmite desgana y falta de interés.

Contacto ocular adecuado


Las personas sinceras suelen mirar a los ojos de su interlocutor cuando hablan, en general inspiran más confianza que los que rehúyen la mirada, pero habría que evitar un contacto visual prolongado e intenso porque podría transmitir agresividad o interés sexual. Cuando abrimos mucho los ojos denotamos sorpresa, admiración, los ojos más cerrados denotan desaprobación o desconfianza.

Sonreír

Siempre que haya ocasión para ello, sonríe. Resulta muy importante si es la primera vez que te encuentras con alguien, ”el cerebro humano prefiere los rostros felices” según Goleman (inteligencia emocional). Debería ser una sonrisa sincera, es muy fácil detectar una sonrisa falsa, en cuyo caso produciríamos una mala impresión.

Asentir

Cuando te están hablando y asientes con la cabeza, el interlocutor va a recibir el feedback de que estás entendiendo lo que dice y que estás de acuerdo, es un gesto muy adecuado, pero evita abusar del gesto.

Para que los gestos tengan significado, deberían considerarse dentro del contexto adecuado en que se producen, un gesto aislado o fuera de contexto, podría tener otro significado totalmente diferente, por ejemplo si vemos a alguien cruzado de brazos cuando está en la calle y es invierno, lo más probable es que tenga frio.

La comunicación eficaz es aquella en la que el receptor entiende e interpreta correctamente lo que ha dicho el emisor, para lograrlo deberíamos conseguir que tanto nuestras palabras como nuestros gestos estén en armonía, recuerda tus gestos te delatan. 

"Las palabras están llenas de falsedad o de arte, la mirada es el lenguaje del corazón" Willian Shakeaspeare



domingo, 5 de febrero de 2012

¿QUÉ ES EL ESTRÉS? ¿PODEMOS CONTROLARLO?


Alejandro es un alto ejecutivo de una empresa multinacional, cada día se levanta a las 06,30 h. de la mañana, después de una ducha rápida y un café con leche se dirige en su coche a su oficina en el centro de la ciudad, esa mañana tiene una reunión importante con un grupo inversor, terminará a las 13.00 h. su vuelo para Berlín sale a las 16.00 h. a la llegada al hotel tiene que repasar la conferencia que impartirá al día siguiente en el Congreso de Novedades y … Este individuo parece el ejemplo típico de personaje estresado, listo para caer en las garras de todo lo que estrés significa, pero antes deberíamos saber ¿qué es el estrés? ¿A quienes afecta? y lo más importante de todo ¿debemos eliminarlo? o ¿cómo podemos controlarlo?

Respecto a la primera pregunta, aunque solemos pensar que el estrés es malo “es necesario porque sin él no estaríamos vivos”, el estrés surgió hace miles de año, como un mecanismo para sobrevivir en situaciones extremas, en el pasado el hombre se enfrentaba a amenazas diferentes a las nuestras, ahora nuestro entorno es bastante distinto y las amenazas son otras, no obstante el estrés continua siendo una respuesta de nuestro organismo a una situación que el cerebro interpreta como amenazante. Pudiera ser un atasco de tráfico o una reunión con tu jefe, el cerebro reacciona igual que si te estuviera persiguiendo un león hambriento.

La neurocientífica canadiense Sonia Lupien, fundadora del Centre for Studies on Human Stress en el Douglas Hospital de Montreal, Canadá, menciona que para que el estrés se produzca se tienen que dar alguna o varias de las siguientes circunstancias:

Novedad, lo que nos pasa es nuevo.

Impredecibilidad, no lo esperábamos.

Falta de control de la situación.

Amenaza para nuestra personalidad, alguien cuestiona algo respecto a nuestra valía, capacidad, etc.

Cuantas más de estas circunstancias se den en una situación, mayores serán las posibilidades de desarrollar estrés.

Teniendo en cuenta los factores anteriores, a todos nos afecta el estrés, tanto jóvenes, como ancianos, trabajadores, estudiantes y amas de casa. Las situaciones nuevas y cambiantes, para muchas de las cuales carecemos de recursos para controlarlas, nos someten a estrés a todos.

Sin embargo no todos reaccionamos de la misma forma ante las mismas situaciones, en estudios de laboratorio se ha encontrado que los hombres son tres veces más reactivos ante las amenazas que implican estrés que las mujeres. Parece ser que es nuestra forma de interpretar y pensar sobre lo que nos ocurre, lo que determinará cómo experimentaremos el estrés y si seremos capaces de controlarlo, si esa será una experiencia negativa o por el contrario será positiva y nos hará crecer como personas.

Antes decíamos que el estrés es necesario porque permite que podamos enfrentarnos a las situaciones amenazantes, dota a nuestro organismo de los recursos físicos y mentales para pode huir y/o reaccionar. El problema se produce cuando el estrés se cronifica e intensifica en el tiempo, entonces nuestra salud física y mental se ve afectada, y nuestro desempeño laboral, académico y social se resienten.

La Organización Mundial de la Salud predice que para el año 2020 la depresión relacionada con el estrés crónico será la segunda causa de invalidez en el mundo.

Los síntomas de estrés son de tipo emocional: ansiedad, irritabilidad, miedo, confusión, cambios del estado de ánimo; a nivel cognitivo: dificultad para concentrarse y tomar decisiones, excesiva autocritica, preocupación por el futuro, olvidos frecuentes, miedo al fracaso; de conducta: llantos, reacciones impulsivas, trato brusco a los demás, aumento en el consumo de tabaco, alcohol, fármacos, comer de forma compulsiva, falta de apetito; a nivel físico: contracturas, problemas de cuello o espalda, palpitaciones, temblores, manos frías o sudorosas, problemas digestivos, gripes, infecciones, dolor de cabeza.

¿Qué hacer ante el estrés?


No siempre podemos evitar las situaciones generadoras de estrés, además no deberíamos hacerlo porque muchas de las nuevas situaciones que se nos presentan, serán desafíos que nos hacen mejorar en distintas áreas de nuestra vida. Lo que si debemos es controlar/evitar el estrés crónico. Se ha comprobado que el apoyo social es la mejor protección contra el estrés, el contar con una red social cercana, tener buenas relaciones familiares y amistosas ayudan a superar las situaciones de estrés. Hay además muchas estrategias que ayudan a controlarlo:

Aprender a relajarse: dedicar unos minutos al día para realizar actividades que te permitan renovarte física y mentalmente, descanso, algún deporte, actividades de ocio, técnicas de relación.

Comer y dormir bien: el sueño es reparador, dedica el tiempo necesario al descanso. Una alimentación equilibrada también ayuda, evita el consumo excesivo de alcohol, bebidas excitantes, tabaco y fármacos.

Hacer ejercicio físico: según tu edad y circunstancias, practica algún deporte o camina regularmente, ayuda a liberar tensiones y propicia la liberación de endorfinas que provocan sensaciones placenteras.

Ser asertivo: establece límites, aprende a decir “no”, expresa tus sentimientos, tus derechos, tus necesidades sin amenazar a otros.

Organizar bien el tiempo: estructura tus actividades, establece las prioridades, elimina lo superfluo.

Separar el trabajo de la vida personal: hay un tiempo para cada cosa, no te lleves trabajo a casa, aprende a desconectar.

Anticíparte y prepárarte: hay situaciones estresantes, por ejemplo una entrevista de trabajo, ante las que nos podemos preparar, imaginar la situación, practicar las respuestas a las posibles preguntas, etc. si hacemos esto nuestra sensación de control será mayor y evitaremos un exceso de estrés.

Intentar tener expectativas realistas: esperar demasiado de nosotros mismos o de los demás, exigir perfección y ser inflexibles puede generarnos frustración.

Aprender a comunicarse: compartir emociones, pensamientos, metas … con nuestra pareja, hijos, padres, amigos … nos ayudará a sentirnos mejor. Hablar de nuestros problemas con personas de confianza alivia muchas de las tensiones internas.

Desarrollar una actitud positiva: es fundamental para la vida, intenta ver lo bueno de cada situación, recompénsate cuando te enfrentes a un reto y lo superes.

Puede que en algunas ocasiones, a pesar de todo tu esfuerzo, la situación te supere y necesites ayuda extra, además del apoyo social que recibas de tu entorno cercado, recuerda que hay profesionales de la salud, psiquiatras y psicólogos que mediante el uso de distintas técnicas de intervención cognitiva, te podrán ayudar a reconocer y superar esa situación. Pide ayuda, conocer qué hacer y ponerlo en práctica te ahorrará mucho sufrimiento innecesario ahora y te ayudará en el futuro a enfrentarte a nuevas situaciones en mejores condiciones.

Volviendo al principio me gustaría dejaros una frase de Eduardo Punset:

“Al cerebro le da absolutamente igual que la amenaza provenga de un mamut lanudo gigantesco o de un atasco de tráfico, porque el estrés es el mismo. Y lo que se pone en marcha, la respuesta del estrés, es idéntica. Al cerebro le da igual. Y lo que no nos puede dar igual es no enterarnos de por qué estamos estresados.”

viernes, 6 de enero de 2012

FILIAS Y PARAFILIAS

¿Qué pensarías si te dijeran que tienes eufilia o que padeces de acrofilia o aclufilia?, tal vez te asustarías como si de una rara enfermedad se tratase, pero en realidad son nombres de distintas filias, a las buenas noticias, a las personas altas/alturas y a refugiarse en la oscuridad, respectivamente.

¿Qué es un filia? en el lenguaje cotidiano, se utiliza la palabra filia como sinónimo de afición, por ejemplo la filatelia (afición a coleccionar sellos), la cinefilia (al cine), la taurofilia (a las corridas de toros), también en el caso de algunos deportes como halterofilia (levantamiento de pesas) o la preferencia y simpatía que produce algún grupo étnico o país en particular, de ahí la francofilia, anglofilia, germanofilia, etc.

La palabra viene del griego y significa “amar-amistad”, por tanto serían lo contrario de las fobias, mientras que las fobias denotan miedo a algo o alguien, las filias representan una atracción apasionada, un gusto exagerado, frente a distintas situaciones o personas. En la mayoría de los casos no producen ningún problema importante.

Algunas de estas atracciones resultan raras o insólitas como:
  • Odofilia: por los viajes.
  • Albutofilia: los baños, jacuzzi, las duchas calientes y en general por el contacto con el agua.
  • Altocalcifilia: los zapatos de tacón alto como fetiche.
  • Astrafilia: por los truenos y relámpagos.
  • Belonefilia: por las agujas, por pincharse.
  • Otofilia: por las orejas .
  • Dendrofilia: atracción a frotarse contra los árboles.
  • Levofilia: atracción por los objetos que se encuentran a la izquierda del cuerpo.
  • Metalfilia: el metal y los objetos metálicos.
En el extremo de las filias, estarían las parafilias, eufemismo que designa lo que durante años se denominó peyorativamente “desviaciones sexuales”, su significado original del griego es “al margen del amor”, se caracterizan por impulsos sexuales intensos y frecuentes, fantasías o patrones del comportamiento sexual, en los que la fuente principal de placer no reside en la relación sexual como tal, sino en alguna otra actividad, objeto o situación poco habitual.

En las parafílias se mezclan áreas diferentes: la psicología de la sexualidad humana, la moral, la protección a la intimidad del individuo, la ley, el derecho a elegir, etc., aunque algunas de ellas podrían considerarse pintorescas e inocuas, otras podrían causar problemas cuando se dirigen a un objeto potencialmente peligroso o dañino para cualquiera de las personas envueltas en esa conducta, yendo de lo normal a lo patológico. En ocasiones se habla de perversión, si las conductas son depravadas o corruptas, como la pedofilia y el exhibicionismo, que son además perseguidas por la ley.

En cuanto a la prevalencia, es difícil determinar, porque en la mayoría de los casos, son conductas que se realizan en la intimidad, sin embargo el gran mercado pornográfico hace pensar en que la prevalencia puede ser elevada, en los últimos años en España se ha producido un ascenso de los delitos conocidos contra la libertad sexual.

Resulta imposible elaborar una lista exhaustiva de las parafilias, las convenciones sociales de cada época y lugar concreto han determinado qué es considerado parafilía en ese momento, ciertas prácticas sexuales, como la masturbación o el sexo oral, fueran consideradas parafilias hasta mediados del siglo XX, actualmente no se consideran parafilias, siempre que el sujeto no se limite únicamente a ellas.

Entre las más frecuentes estarían:

La pedofilia: trastorno sexual que consiste en la atracción física hacía niños del mismo o distinto sexo. Junto con la violación, es posiblemente el delito sexual que produce más reacciones negativas de la sociedad en general. Es un trastorno que suele empezar en la adolescencia, por lo general tiene un curso crónico.

El sadismo: perversión sexual en el que se recibe placer cometiendo actos de crueldad contra otra persona. Las fantasías sádicas pueden darse ya en la infancia aunque generalmente aparecen en la edad adulta. Se trata de un trastorno crónico.

El masoquismo: perversión sexual del que encuentra placer en verse maltratado o humillado. Como el sadismo, ciertas fantasías pueden empezar desde la infancia, pero las actividades masoquistas suelen comenzar de adultos. De curso crónico.

El exhibicionismo: perversión consistente en mostrar en público los órganos genitales para obtener placer sexual. El exhibicionista habitualmente es tímido y poco asertivo con las mujeres, suele empezar antes de los 18 años. Es de las parafilias más frecuentes. Se considera una ofensa contra la moral pública.

Voyeurismo o escoptofilia: observación de personas en situaciones eróticas con el fin de obtener placer sexual. Su comienzo suele darse antes de los 15 años. De curso crónico.

Zoofilia o bestialismo: comportamiento de las personas consistente en tener contactos sexuales con animales. Más frecuente en zonas rurales.

Fetichismo: desviación sexual consistente en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él, como objeto de la excitación y el deseo. Empieza en la adolescencia, una vez se establece tiende a cronificarse. Casi todos los fetichistas son hombres.

Necrofilia: perversión sexual de quien trata de obtener placer erótico con cadáveres.

Se han propuesto distintos modelos explicativos para las diferentes parafilias, alguno de estos modelos, considera la parafilia una forma de adicción. Hay algunos factores que pueden contribuir al desarrollo de algunas parafilias, como: dificultades relacionales (para establecer contactos con personas del sexo opuesto), dificultades en la comunicación (para expresar sentimientos de autoafirmación a través de medios más adaptativos), dificultades sexuales, sexualización de situaciones originalmente no sexuales a través de procesos de condicionamiento.

Conviene distinguir entre parafilias y las fantasías y comportamientos sexuales normales, solo serían parafilias si provocan malestar o alteraciones clínicamente significativas.

El tratamiento debería incluir un detallado análisis del historial psicosexologico del sujeto y una evaluación psicofisiologica, ello ayudará a determinar qué estrategias pueden resultar más eficaces para tratar el problema. El tratamiento podría incluir fármacos para reducir el interés sexual y métodos cognitivos-conductuales para conseguir y reforzar formas más adaptativas de obtención de gratificaciones. Antaño se utilizaban técnicas aversivas reduccionistas e incluso métodos quirúrgicos como la castración y la psicocirugía, especialmente en casos en que las parafilias habían llevado a los sujetos a la violación, actualmente son cuestionables.

No olvidemos que tener una vida sexual saludable contribuye al bienestar físico, mental y espiritual de las personas. En este aspecto tan importante de la vida, el equilibrio entre nuestros deseos y los del otro, así como el respeto hacia el prójimo, nos permitirá ser más felices y evitará mucho sufrimiento emocional.

martes, 6 de diciembre de 2011

DE FOBIAS Y MIEDOS

Guillermo acaba de ser contratado por una multinacional de las telecomunicaciones, será el responsable de desarrollo en Europa, en las próximas semanas tendrá que viajar a Estados Unidos para un curso de formación, hasta el momento su tipo de vida no ha requerido que haga largos viajes, nunca ha hecho un viaje transoceánico, pero ahora tan solo de pensar en el vuelo experimenta un sudor frio y se le encoje el estómago... está pensando que tal vez no debería aceptar el trabajo.

¿Qué le está ocurriendo?, un joven profesional que encuentra el trabajo que tanto había deseado y ahora su pánico a volar le hace plantearse una renuncia, este hombre está sufriendo de aerofobia (fobia a volar). Aproximadamente un 10% de la población mundial sufre de algún tipo de fobia, la fobia es un temor irracional, extremadamente intenso que surge ante la presencia o el recuerdo del objeto o de la situación que nos da miedo, a diferencia de otros temores que todos experimentamos, la fobia no desaparece por sí misma y requiere tratamiento específico para superarla.

Existen diferentes tipos de fobias, las de tipo situacional (a viajar en avión, a subirse a escaleras mecánicas, ascensores, túneles.), las fobias a ambientes naturales (a las tormentas, alturas, agua, oscuridad), fobia a los animales, como la zoofobia (a los animales en general) o a cierto animal, a los perros, a los gatos, a las serpientes, a las aves de corral, fobia a la sangre/inyecciones/daño. Finalmente hay fobias a diferentes estímulos, a ciertas enfermedades, al atragantamiento, al tiempo, a la gravedad o a ciertos números, palabras o colores.

Las fobias más comunes son:

Fobia a las serpientes: el miedo a las serpientes es algo ancestral y está ligado a la supervivencia.

Aracnofobia: Miedo a las arañas, se da cuatro veces más en las mujeres que en los hombres, las reacciones de estas personas resultan exageradas para sí mismas y para otros, evitan lugares donde puede haber arañas o donde han visto telas de araña, incluso una fotografía puede provocarles pánico.

Claustrofia: Es el pánico a los lugares cerrados, como puentes, túneles, ascensores, coches, gimnasios, transportes públicos, las máquinas de hospital como el TAC. La persona con claustrofobia evita los lugares cerrados, por un temor irracional a que le falte el aire o a tener sensación ahogo. Se estima que entre un 2 y un 5% de la población padece esta fobia.

Agorafobia: Se trata del miedo a los espacios abiertos, es más común en las mujeres que en los hombres. El agorafóbico teme cualquier lugar donde no se sienta seguro o no pueda recibir ayuda. Suelen refugiarse en su hogar y rara vez sale, y cuando lo hace, experimenta una gran ansiedad.

Acrofobia: Miedo a las alturas, a asomarse a un balcón, estar en un mirador o junto a un precipicio, no es simple vértigo. Es bastante común, entre un 3 y un 5% de la población sufre miedo a las alturas.

Aerofobia: Es el tan común miedo a viajar en avión, quienes lo padecen, no solo experimentan una ligera inquietud en el momento del aterrizaje y del despegue, si no que el miedo les impide planear siquiera un viaje de este tipo, o les ocasiona trastornos de ansiedad ante la perspectiva de un futuro viaje meses antes de llevarlo a cabo.

Escotofobia o Nictofobia: Es el miedo a la oscuridad, aunque todos hemos sentido de niños miedo a los peligros que podían estar ocultos tras la oscuridad, fantasmas o monstruos, generalmente desaparece con la edad, si un adulto continúa teniendo pánico irracional a la oscuridad estaríamos ante la Nictofobia.

En una categoría diferente, estaría la fobia social, se caracteriza por un miedo intenso y duradero a una o más situaciones en la que el individuo va a ser observado por los demás y tiene que hacer algo, las situaciones más habituales que activan este tipo de fobia son, el miedo a hablar con desconocidos, a encontrarse en una multitud, a permanecer solo, etc. Quienes la padecen pueden experimentar sudoración, temblor, tartamudeo, taquicardia y rubor facial. Es de las fobias más comunes entre jóvenes y adolescentes, tan solo en Estados Unidos unos 15 millones de adultos sufren fobia social.

El último de los tipos de fobia es el conocido como trastorno de ansiedad generalizada, en estos casos las personas experimentan angustia y preocupación excesiva frente a una variedad de acontecimientos, y este estado se prolonga al menos por seis meses.

¿Por qué surgen las fobias?

Una de las causas posibles, es que la persona haya tenido en su infancia una experiencia traumática, a la que después asocia el elemento que le causa temor, por ejemplo, un niño es arañado por un gato furioso, y a consecuencia de ello el niño crece y se convierte en un hombre con ailurofobia (fobia a los gatos). También puede adquirirse de forma vicaria, la persona puede haber visto a otros, en vivo o filmados, tener experiencias negativas o mostrar miedo en ciertas situaciones y adquiere ese mismo miedo. En otras ocasiones los padres transmiten información amenazante, avisos sobre el peligro de ciertos animales, el riesgo de las tormentas, los rayos, etc. propiciando que sus hijos adquieran la fobia.

¿Pueden curarse las fobias? ¿Qué tratamiento seguir?

Antes de iniciar cualquier tratamiento, debería contar con el diagnóstico de un profesional para evitar que algo circunstancial u otro tipo de trastorno de ansiedad se confunda con la fobia. El especialista averiguará qué factores están implicados en el problema, qué objetivos se desea conseguir y establecerá un tratamiento para ese problema.

Las fobias específicas suelen tratarse mediante psicoterapia, se le enseñan al paciente las causas de su fobia y se le aportan técnicas para ir dominando la ansiedad ante el estímulo desencadenante. Las técnicas para controlar la respiración y de relajación, también pueden ser de gran utilidad. En general, para las fobias específicas, el tratamiento más eficaz es la exposición en vivo a las situaciones temidas, también se utiliza el modelado participante, la exposición en imaginación y la desensibilización sistematica, en ésta técnica, en lugar de estímulos directos se recurre a la imaginación del paciente para que proyecte en su mente el estímulo temido y vaya familiarizándose progresivamente con la situación y superándola.

En algunas fobias resultan útiles las técnicas de restructuración cognitiva que ayudan al paciente a corregir errores y a evitar la sobrestimación de los riesgos, este tratamiento se utiliza mucho con pacientes que padecen de aerofobia, claustrofobia o fobia a las alturas. En la fobia social resulta eficaz la terapia cognitiva y la exposición a situaciones sociales, también es útil el entrenamiento en habilidades sociales.

Guillermo consiguió superar su miedo a volar, muchas personas han conseguido volver a subirse en un ascensor, salir a la calle sin temor, o poder mirar una araña sin lanzar un grito de terror. Tú también puedes superar tus miedos irracionales, no permitas que una fobia limite tú vida

“El miedo está siempre dispuesto a ver las cosas peores de lo que son” Tito Livio

martes, 8 de noviembre de 2011

PSICOFÁRMACOS II- PILDORAS DE LA FELICIDAD

Como continuación al artículo anterior, en el que clasificaba por aplicaciones, familias y principios activos a los psicofármacos, me gustaría añadir más aspectos sobre estas supuestas “píldoras” de la felicidad, cuyo consumo sigue aumentando en nuestra sociedad tan dada a medicalizar cualquier reacción emocional normal ante un acontecimiento adverso.  

¿Qué son?

Desde el punto de vista científico,  los psicofármacos son sustancias químicas naturales o sintéticas, que presentan una acción específica sobre el psiquismo, los fármacos que afectan específicamente las funciones del Sistema Nervioso Central (SNC), compuesto por el cerebro y la médula espinal, se denominan psicoactivos, porque pueden modificar la actividad mental. Actúan sobre diversas áreas psíquicas, pudiendo afectar al estado de consciencia, la psicomotricidad, la afectividad, la conducta y alterar la percepción sensorial. Pueden también inhibir el dolor, actuando sobre otros órganos y sistemas corporales en distinto grado.

¿Cómo actúan los psicofármacos?

Muchos de los medicamentos que habitualmente usamos, reducen los síntomas de una enfermedad sin curar la causa, cuando tenemos fiebre por un proceso infeccioso y tomamos una aspirina, conseguimos que la fiebre baje, pero no curamos la infección, tan solo reducimos el síntoma.

Los  psicofármacos frecuentemente actúan por control de síntomas, es decir no curan la enfermedad mental, pero casi siempre ayudan a la persona que sufre ese problema a poder llevar una vida más normal y a que no se sienta tan oprimida por el dolor o la tristeza, o en el caso de las psicosis, evitar las molestas voces en su cerebro. En algunos casos parecen conseguir la curación de la enfermedad.

Estas sustancias psicoactivas, actúan interviniendo sobre los neurotransmisores (la química cerebral), generando estados de ánimo artificiales que contrarrestan síntomas como el estado de ánimo negativo. La estructura química de las sustancias psicoactivas es muy similar a la de ciertos neurotransmisores u hormonas del Sistema Nervioso Central, pudiendo  alterar temporalmente el funcionamiento del organismo humano, ya sea favoreciendo (agonistas) o impidiendo (antagonistas) la acción de los receptores celulares. Algunos reducen la concentración de neurotransmisores en la sinapsis  (lugar de las neuronas donde se produce el impulso nervioso), mientras que otros aumentan la concentración sináptica de neurotransmisores por diversos mecanismos, además otros psicofármacos impiden el efecto de los neurotransmisores, bloqueando los receptores sobre los que actúan.

Lamentablemente, muchos aspectos de las enfermedades mentales no se pueden explicar únicamente por las alteraciones de los neurotransmisores, por lo que algunos psicofármacos parecen tener otros mecanismos de acción.

Los psicofármacos suelen clasificarse en tres grandes grupos:

Neurolepticos o antipsicóticos: se emplean fundamentalmente en el tratamiento de psicosis como la esquizofrenia, la fase maníaca de la psicosis maniaco-depresiva (psicosis bipolar) y las psicosis producidas por el consumo de drogas. Se emplean también en el tratamiento sintomático de estados de agitación y delirio agudo, en estados de confusión y en algunos casos de dolor crónico. En principio, todos los neurolépticos son eficaces y la elección de uno u otro, dependerá de la respuesta previa del enfermo al fármaco y de los efectos adversos que pueda presentar. Algunos tienen una acción de efecto prolongado y podrían ser más eficaces para problemas crónicos.

Ansiolíticos: se utilizan para aliviar o suprimir el síntoma de ansiedad, sin producir sedación o sueño. Actualmente los más utilizados son las benzodiacepinas  y la buspirona. Las benzodiacepinas tienen un efecto ansiolítico, hipnótico-sedante (ayuda a tratar el insomnio), relajante muscular y anticonvulsivo. La buspirona es un ansiolítico puro, sin apenas efectos hipnóticos o tranquilizantes, necesita de 2 a 3 semanas para hacer efecto y en general es menos eficaz que las benzodiacepinas.

Antidepresivos: se usan en el tratamiento de todas las formas de depresión, en general responden mejor a las depresiones endógenas. En los estados depresivos suele haber una baja concentración de neurotransmisores en las sinapsis neuronales, especialmente de noradrenalina y serotonina. Los fármacos antidepresivos tienden a elevar la concentración de neurotransmisores en las sinapsis. Alrededor del 80% de todas las depresiones responden al tratamiento farmacológico. El tratamiento debe mantenerse durante 4-6 meses y retirarse de forma gradual, ya que si se suspende antes o de forma brusca, hay  un gran riesgo de recaídas.

Tratamiento con psicofármacos

El médico antes de prescribir el tratamiento con psicofármacos tendrá en cuenta distintos factores como: el estado clínico actual de paciente, el diagnóstico, la historia clínica del paciente y los objetivos que se quieren lograr con la terapia farmacológica. En base a esos factores recomendará el fármaco y la dosis que considere más idónea para aliviar los síntomas del paciente.

Hay personas con depresión  o ansiedad que pueden necesitar medicación durante meses y luego no volver a necesitarla. Otras personas con trastornos como esquizofrenia o trastorno bipolar o en casos de depresiones recurrentes, tendrán que tomar medicación de forma indefinida.

¿Qué efectos producen?

Cómo cualquier otro fármaco, los psicofármacos no producen el mismo efecto en todo el mundo. La respuesta puede ser más rápida y efectiva en algunas personas que en otras.  El médico puede comenzar por un medicamento y cambiarlo por otro o cambiar las dosis si considera que el efecto terapéutico no es el deseado.

Entre los efectos más comunes que se producen, estarían la tolerancia, si una persona usa el mismo fármaco durante mucho tiempo puede necesitar dosis más elevadas para lograr el mismo efecto, asimismo algunos psicofármacos producen dependencia física o la imperiosa necesidad de tomar el medicamento para prevenir la aparición de síntomas molestos o el síndrome de abstinencia. Para evitar estos problemas, es importante que la persona siga las instrucciones del médico, dejar antes de tiempo una medicación puede hacer que no sea efectiva o por el contrario tomarla  más tiempo del prescrito puede ser perjudicial.

A manera de conclusión diré que si tenemos una actitud  adecuada ante los problemas cotidianos y somos equilibrados a la hora de enfrentarnos a ellos, buscaremos ayuda cuando sea necesario, y usaremos correctamente los fármacos que nos prescriban, sin caer en el uso y abuso indiscriminado de “píldoras” cual panacea capaz de solucionar cualquier problema.

Psicología para el día a día