No cabe duda de que esta frase es una contradicción en si misma y nos hace pensar que cualquier cambio no está en nuestras manos, ya que no todo depende de nosotros, mas bien son nuestras circunstancias, externas y fuera de nuestro control las que nos condicionan.


Sin ánimo de entrar en discusiones filosóficas al respecto, tanto en lo que somos como en lo que hacemos y nos ocurre, influyen factores que a veces se escapan a nuestro control, sin embargo todavía hay mucho que podemos hacer para superar las situaciones que nos hacen infelices, ya sean limitaciones personales, problemas de relación, etc.


Me gustaría poder compartir con vosotros algunos artículos sobre temas que nos afectan a muchos y que para algunos representan un problema, en mayor o menor medida. En algunos casos un problema puede llegar a limitar la vida y a producir sufrimiento propio y de los que nos rodean.


Recuerda que:


La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Benjamin Franklin

jueves, 28 de marzo de 2013

TODOS MENTIMOS - DETECTANDO MENTIRAS

Mentir, engañar, faltar a la verdad, ocultar datos, disfrazar las cosas … si entrar en el juicio moral o la consideración religiosa, respecto a lo reprobable o no de mentir, lo cierto es que todos mentimos, en mayor o menor medida y por distintas razones. No me refiero a los mentirosos compulsivos, también llamados mitómanos, hablo de personas normales, sin ningún trastorno de personalidad, de todas las edades y condición social.
 
Mentimos por diferentes causas: por deseabilidad social, consciente o inconscientemente deseamos presentar una imagen mejor de nosotros mismos y solemos ocultar lo que no nos favorece; en otras ocasiones mentimos para evitar males mayores, las llamadas mentiras piadosas, nos convencemos de que decir la verdad causaría más daño que evitarla; en otros casos una mentira nos supone una ventaja importante o nos evita un problema, sin aparentemente, causar daño a nadie. Recuerdo cuando era niña, que mi madre utiliza cocos o monstruos para convencerme de que debía irme a la cama, para que acabara mi comida o evitar que entrará en ciertas zonas que ella creía peligrosas.

En nuestro día a día, nos encontramos en situaciones en las que puede ser útil poder detectar si otros nos están mintiendo. A nivel científico, el método más conocido para detectar mentiras es el polígrafo, que consiste en un medio por el que se detectan ciertos cambios fisiológicos corporales, como el cambio en el ritmo cardiaco y la temperatura, aunque no se considera como prueba en los juicios, porque puede ser engañado por un mentiroso experto.
 
No siempre es fácil percibir cuando alguien está mintiendo, pero hay una serie de cosas que nos pueden ayudar a detectar mentiras:
 
Las expresiones faciales son determinantes. Ojos que no miran al interlocutor, como temiendo ser descubiertos. Emociones fingidas, mostrar una sonrisa, rabia o tristeza, cuya expresión resulta incompleta. En el caso de la sonrisa fingida, movemos labios y boca, manteniendo inmóviles otros músculos faciales de ojos y frente que SI intervienen en una sonrisa verdadera.
 
Gestos de manos y cuerpo. Cuando mentimos solemos taparnos la boca, tocárnosla o rascarnos la nariz. Algunas personas, muestran un excesivo movimiento de manos, se las frotan y apretan. La postura corporal también suele variar, nuestro cuerpo se pone rígido durante la mentira, para volver a relajarse, soltarse los hombros justo después de ella, cuando ya ha pasado el momento de tensión.
 
Incongruencia, entre lo que decimos y lo que nuestros gestos muestran, más del 70% de la comunicación es no verbal, podríamos estar diciendo que SI con la boca y nuestra cabeza moviéndose de izquierda a derecha, contradiciendo nuestras palabras.
 
La inflexión y el tono de la voz varía, generalmente bajamos la voz cuando decimos una mentira, luego nuestra voz vuelve a la normalidad. En algunos casos y cuando el mentiroso siente que le han descubierto o ha tenido tiempo de preparar la mentira, hace lo contrario, habla más alto de lo normal, para dar firmeza y convicción a sus palabras.
 
Tragar saliva, es otra muestra de nerviosismo, cuando mentimos lo hacemos de una manera más continua.
 
La forma de responder a las preguntas. Cuando nos sorprenden con una pregunta sencilla a la que no tenemos respuesta cierta, por ejemplo: ¿dónde estuviste anoche? solemos repetir la pregunta, o parte de ella, para ganar tiempo y pensar qué decir. 
 
El tiempo de latencia, cuánto tardamos en responder, generalmente respondemos más deprisa cuando decimos la verdad que cuando mentimos, aunque esto variará si se ha tenido tiempo de preparar la respuesta, una mentira planeada, en ese caso la respuesta es rápida y con más explicaciones. 
 
Dar demasiadas explicaciones, la mentira produce ansiedad, solemos dar largas explicaciones, justificaciones, queriendo demostrar nuestra inocencia a toda costa. 
 
Palabras que se usan. Los mentirosos evitan pronombres en primera persona como mi o mío, además usan más palabras sobre emociones negativas como triste, odio…y las expresiones son más exageradas, por ejemplo: dicen estupendamente en lugar de estupendo, te quiero muchísimo en lugar de te quiero.
 
Ante el peligro, a ser descubiertos, la amígdala (sistema límbico/emocional) da la orden al cerebro de refrigerar el cuerpo, la piel de la cara se vuelve más blanca al comprimirse los capilares y la frente se muestra sudorosa.
 
Científicos de Psicología Experimental de la Universidad de Granada han demostrado el llamado “efecto Pinocho”, cuando se miente, no crece la nariz, pero si cambia su temperatura, se eleva o disminuye, este efecto se ha comprobado mediante termografia, una técnica que mide la temperatura de los cuerpos.
 
Nuestra habilidad para detectar mentiras y nuestro conocimiento de la persona, de su modo habitual de comportarse y sus reacciones, serán una gran ayuda cuando nos enfrentemos a situaciones en las que creemos que nos están mintiendo. Lo que hagamos a partir de ese momento, será una decisión personal, en función de la importancia de la situación, de cómo somos... ¿Le haremos saber a nuestro interlocutor que le hemos pillado? ¿Miraremos para otro lado pensando que la situación no es tan importante? o ¿qué pese a todo nos interesa seguir “engañados”? ¿Pensaremos que tal vez las cosas no son lo que parecen y cambiaremos de tema?.
 
En algunas culturas, lo verdaderamente importante no es el hecho en sí mismo, sino la ocultación de la situación, algo así como decir: no importa que me robes, que hayas cometido una infracción, que seas infiel, que copies en los exámenes o cualquier otra cosa PERO NO ME ENGAÑES dímelo, no lo ocultes. ¿Es más grave la ocultación que la falta? ¿Quién tiene derecho a saberlo? ¿Cuál es el propósito de la confesión?.
 
“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira» Ramón de Campoamor




 
 

 

sábado, 16 de febrero de 2013

EL DUELO – ENFRENTÁNDOSE A LA PÉRDIDA

Aún no había cumplido los veinte cuando mi abuela materna falleció, no tenía mucha relación con ella, era una mujer tímida, poco expresiva, de la que apenas recuerdo gestos tiernos hacia mí. Esa fue la primera vez que estuve en contacto con la muerte, por primera vez me sentí vulnerable, entonces no lloré, años después hablando con mi madre, se me saltaron las lagrimas al recordar su pérdida.

La pérdida de un ser querido, un familiar cercano o amigo es una de las experiencias más dolorosas a las que nos enfrentamos a lo largo de la vida, al proceso que sigue a la pérdida, lo llamamos duelo, también se produce duelo en un divorcio, separación, cuando alguien pierde su trabajo, al quedar inválido por un accidente y en otra serie de situaciones. Hoy nos centraremos en el duelo por pérdida de alguien amado.

El proceso de duelo, tiene consecuencias físicas y emocionales, como irritabilidad, ansiedad y alteraciones en el comportamiento (aislamiento social, somatizaciones). También aparecen de una forma intensa sentimientos de miedo, desolación y tristeza. El miedo es una emoción que experimentamos por ataque, pérdida o muerte. Cuando perdemos a un ser querido se mezclan estos miedos, produciendo un claro malestar.

El duelo es una etapa normal de adaptación, que conlleva un tiempo y no se considera patológico. Algunas fuentes establecen un periodo de entre 6 y 12 meses, aunque a veces, se podría prolongar varios años. En algunos casos, la intensidad de las manifestaciones y el largo periodo de tiempo del duelo hace que se convierta en  patológico, en España  los datos revelan que alrededor de un 16 por ciento de las personas que sufren la pérdida de un ser querido, sufren de un cuadro depresivo durante el año siguiente al fallecimiento, esta  cifra aumenta hasta alrededor  del 85 por ciento en la población mayor de 60 años. Además, alrededor de 5 de cada 100 personas, pueden experimentar alucinaciones e incluso sentimientos de culpa que se intensifican tras el periodo normal de adaptación a la pérdida.

En el tiempo que transcurra para superar la pérdida y lo agudo de sus manifestaciones, influirán varios factores relacionados con las circunstancias de la muerte (cómo se produjo, edad del fallecido) y las del doliente (edad, salud, recursos físicos e intelectuales, dependencia, relación con el fallecido).

El proceso consta de varias fases, que en situaciones normales, conducen  a la superación de la muerte del ser querido y a una progresiva adaptación a la nueva situación:

Negación y aislamiento (de pocas horas a una semana): la negación permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante, permite tiempo para recobrarse.

Ira (varias semanas): se mezclan envidia y resentimiento, se buscan culpables, surgen todos los por qué. 

Pacto o negociación (unas pocas semanas): se intenta llegar a un acuerdo, aclarar ideas para intentar superar lo traumático de la vivencia.

Depresión
(de un mes a un año): Aquí se desarrollan sentimientos de tristeza, angustia o depresión, que se expresan a través del llanto, nostalgia, confusión y melancolía. Aparece el miedo, básicamente a la soledad y al desamparo.

Aceptación y recuperación (después del año): tras las etapas anteriores, empieza a sentirse cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, ya no se siente tanta necesidad de hablar del dolor de la pérdida, la vida se va imponiendo. Se acepta la pérdida, se produce una recuperación y reorganización de la persona, que recupera todas sus capacidades anteriores, en algunos casos sale incluso reforzado.

Hay algunas cosas que  puedes hacer y que te ayudarán a pasar por las fases del duelo y a superarlo:

Date permiso para estar mal, necesitado, vulnerable, aunque creas que es mejor no sentir el dolor  o evitarlo con distracciones, al final el dolor saldrá a la superficie. Este es el momento para sentir dolor, acéptalo, es natural, acepta que ahora estarás menos interesado en tus ocupaciones, menos atento, que durante un tiempo tu vida será diferente.

Abre tu corazón. Siente y expresa las emociones que surjan, no las pares. No te hagas el fuerte, no te guardes todo para ti,  con el tiempo el dolor irá cediendo. Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo... por la perdida, es parte del camino que tienes que recorrer.

Busca y acepta la ayuda de otros. Sigue en contacto con los demás, no te aísles, necesitas su apoyo, su atención. Pídeles lo que necesitas, permite que tus familiares y amigos te acompañen, te ayuden. Es importante que tengas alguien de confianza con quien puedas hablar y expresar tus sentimientos, sensaciones, alguien que te escuche y anime.

Date tiempo para recuperarte. No te crees expectativas mágicas, prepárate para las recaídas, un suceso inesperado, aniversario, fiestas, volverán a traer a tu memoria recuerdos a los que tendrás que enfrentarte. Se paciente y amable contigo mismo. 

No tengas miedo a volverte loco. Vas a vivir sentimientos intensos de tristeza, rabia, abatimiento, culpa… deseos de morir...  se tratan de reacciones habituales después de la muerte de un ser querido, pasarán.

No descuides la salud. Después de los primeros días, intenta volver a tu rutina, hazte un horario, descansa, duerme lo suficiente, no abuses del alcohol, el tabaco o los ansiolíticos. Si tienes algún problema crónico de salud no descuides el tratamiento habitual. 

Intenta ser paciente con los demás. Algunos te dirán cómo debes sentirte, qué debes hacer, durante cuánto tiempo… te parecerá que algunos no comprenden por lo que estás pasando, seguramente será así, es complicado saber qué decir en esos momentos, aunque bien intencionados, no siempre transmitimos al doliente lo que debemos. 

Aplaza las decisiones importantes. Cambiarte de casa, de trabajo, emprender un negocio… En este momento, probablemente no podrás pensar con la debida claridad, sería más conveniente esperar hasta resolver la pérdida para tomar ese tipo de decisiones.

Recupera el interés por la vida. Aceptar el presente y el pasado es fundamental para poder proyectar el futuro. Las situaciones amargas, ayudan a valorar la vida, enseñan que la vida se puede escapar de entre las manos, por lo que es mejor aprovecharla al máximo y disfrutarla.

Confía en tus recursos para salir adelante. Piensa en situaciones difíciles que hayas vivido antes, recuerda cómo las resolviste, repítete que “saldrás adelante, que lo conseguirás, que ya lo hiciste antes”. 

La vida en su constante discurrir nos sorprenderá y sacudirá con la pérdida de personas amadas, familiares, amigos y  conocidos  por muerte u otras circunstancias, no podremos evitarlo, tendremos que enfrentarnos al dolor que significa y aprender a vivir con ello, con el tiempo, el dolor pasará y aquellos que fueron importantes para nosotros siempre ocuparan un lugar en nuestros corazones y su recuerdo nos acompañará en nuestra vida.

Vivir no es sólo existir,
Sino existir y crear,
Saber gozar y sufrir,
Y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir

Gregorio Marañón

jueves, 10 de enero de 2013

¿POR QUÉ SOÑAMOS? ¿QUÉ SIGNIFICAN LOS SUEÑOS?

Nuestra vida transcurre en dos dimensiones, una despiertos y otra durmiendo, cuando no soportamos una de ellas, pasamos a la otra, es habitual despertarse de una pesadilla para escapar de un mal sueño, que no podíamos tolerar o desmayarnos y perder la consciencia ante una situación trágica que nos supera.

Mientras dormimos se producen muchos procesos que contribuyen al buen funcionamiento de nuestro cuerpo y cerebro, se ponen a punto sistemas neuronales, las células cerebrales se reparan e incluso se producen nuevas neuronas, sin embargo existen sistemas neurales diferentes para dormir y soñar.

¿Qué es soñar?
Es el resultado de una actividad cerebral que se produce mientras dormimos, se caracteriza por imágenes sensoriales y motoras que son vividas de una forma peculiar, son imposibles o muy improbables en el tiempo y el espacio, durante el sueño experimentamos estados emocionales de alegría, tristeza, miedo, asco, ira … que a veces, por su intensidad hacen que despertemos súbitamente. Solemos olvidarlos fácilmente, se evaporan en cuanto despertamos.

¿Por qué soñamos?
Según la teoría psicoanalítica al soñar buscamos el placer. Los bebes sueñan, si les observamos podemos ver que incluso sonríen y mueven los labios a modo de succión, seguramente sus sueños tienen que ver con su última comida, en la infancia los sueños son solo una réplica y anticipación de experiencias placenteras. A medida que vamos creciendo y nuestro catálogo de conductas y experiencias se va haciendo más extenso, aparecen normas que limitan y reprimen ciertas conductas, los sueños van cambiando. En los sueños no hay continuidad espacio/temporal, saltamos de un lugar a otro y pasamos por distintas edades de nuestras vidas en unos pocos minutos.

Interpretación de los sueños

Para los clásicos, los sueños eran revelaciones divinas o demoniacas que podían desvelar el futuro de la persona que soñaba, los reyes y poderosos tenían adivinadores que ponían significado a sus sueños.

Freud en su libro La Interpretación de los Sueños, consideró que el análisis de los sueños era el modo de acceder al inconsciente, según él los sueños tienen como función esencial la realización simbólica de los deseos reprimidos, en los sueños la represión es menor que en la vida cotidiana, aunque no está completamente ausente. El verdadero contenido se manifiesta de forma encubierta o simbólica, diferenciando entre el contenido manifiesto y el contenido latente. Desde el psicoanálisis se busca descifrar los mensajes del inconsciente mediante asociaciones, sin ninguna censura hasta que se tiene la sensación de haber encontrado el significado del sueño. Lo que aparece incongruente y sin sentido, mediante asociaciones y claves, puede desvelar algún deseo oculto a la conciencia por miedo o vergüenza. La diversidad de los sueños es infinita, no obstante existen ciertos sueños y elementos que se repiten en muchos de ellos, a continuación veremos algunos de los más comunes y su posible significado:

Soñar que vuelas, es símbolo de libertad, deseo de trascender, inspiración, una forma de conseguir los deseos, ya sea en el amor, en la vida, el trabajo, volar por encima de los obstáculos, también podría significar que tiene ganas de desaparecer de su realidad cotidiana, según otras interpretación, especialmente de Freud y sus discípulos representa la vida sexual.

Soñar que te caes, puede significar miedo a perder el respeto de otros o a perder el status social o profesional. Puede también significar problemas financieros o la pérdida del amor de alguien.

Soñar con una casa, generalmente la casa representa a la persona misma, con todos sus aspectos (habitaciones), las puertas representan nuevas oportunidades. Si se trata de una casa nueva, representa el futuro, lo que debería hacer.

Soñar con perderse, tiene que ver con sentirse perdido en la vida, echar de menos algo o que ha perdido algo importante, además pudiera representar inseguridad ante un nuevo camino que ha elegido recientemente.

Soñar con estar desnudo, puede representar el miedo que siente a que alguien averigüe algo de su vida que quiere esconder, también puede indicar que no se siente a la altura de un acontecimiento en su vida, o de su vida en general.

Soñar con agua, si el agua está tranquila puede indicar que tendrá buenos tiempos, que está en paz, serenidad, aceptación de uno mismo. Si el agua está revuelta o sucia, señala reconsiderar las decisiones, tener cautela.

Soñar con morirse o ver morir a alguien, simboliza cambios interiores, transformaciones, desarrollos que están pasando en su vida. Cuando sueña que otro muere puede significar que los sentimientos hacia esa persona han cambiado, que ha perdido la relación.

Hacer una interpretación exacta y exhaustiva de los sueños es una tarea que excede el límite de lo razonable y se presta a diversos criterios. Lo cierto es que los distintos métodos de interpretación que se emplean no son fiables, porque que no se produce un resultado único, dependerá del método empleado y del terapeuta que ayude a realizar la interpretación.

En casos puntuales, cuando el sueño se convierte en pesadilla y causa un gran malestar a la persona, el terapeuta puede intentar interpretarlo, para tratar el problema que subyace en el fondo.

En los sueños caminas por las nubes, vuelas contemplando el mundo desde arriba, corres veloz sin cansarte, paseas con tu actor favorito, construyes castillos en el aire...y ahora te despiertas y vuelves a tu vida real en la que muchos de tus deseos te están vetados.

“Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo”. Heráclito

jueves, 6 de diciembre de 2012

¿ES LA AUTOESTIMA LA CLAVE DEL ÉXITO?

Conozco hombres sabios, de amplia cultura y formación plural con una autoestima baja, por el contrario sé de hombres y mujeres sin apenas meritos personales ni culturales con una autoestima desproporcionada, ¿De qué depende la autoestima? ¿Es necesaria para el éxito? ¿Se puede ajustar? ¿Qué podemos hacer para mejorarla?.

“Una baja o una alta autoestima pueden llevar a la pasividad o a la acción, al fracaso o al éxito”. Nathaniel Branden

Antes de nada empezaremos por saber qué se entiende por autoestima, a finales del siglo XIX se consideraba a la autoestima el promedio entre los éxitos logrados y los pretendidos, es decir cuánto hemos conseguido y en cuánto hemos fallado. En los años 60, Rosenberg la definió como un sentido estable de la valoración personal, más adelante Branden la definió como la experiencia de ser competente para arreglárselas con los desafíos básicos de la vida y ser digno de la felicidad.

Podemos decir que tener una autoestima alta permitirá enfrentarse a los desafíos básicos de la vida, creerse competente, apto para los retos y tareas que se le presenten y sentirse merecedor de felicidad.

En el otro extremo, con una autoestima baja, estarían los que se sienten incapaces de tomar decisiones, hacer elecciones correctas, enfrentarse a un cambio y que sufren por su incapacidad ante esas situaciones. Las personas de baja autoestima suelen tener sentimientos de inferioridad con respecto a los demás, su círculo social se encuentra muy limitado, privándose así de posibilidades amistosas, laborales, etc.

Muy relacionadas con la autoestima estarían: el auto concepto (opinión propia), la sensación de confianza ante los desafíos (eficacia personal) y la sensación de ser merecedor de la felicidad (respeto a uno mismo).

El concepto que tenemos de nosotros mismos se verá afectado por la comparación subjetiva que hacemos con los demás. También estará influido por la valoración que otros hacen de nosotros y por nuestro historial de éxitos y fracasos en la vida.

La eficacia personal conlleva confianza en nuestra capacidad de pensar, de entender los hechos, de aprender, elegir y tomar decisiones. Confiar y creer en uno mismo, en que uno será capaz de algo, de conseguir lo que desea.

El respeto a uno mismo implica reafirmarse en la propia valía personal, es una actitud positiva ante el derecho a vivir y ser feliz, el derecho a sentirte a gusto con tus pensamientos, deseos, necesidades, proyectos…

¿De qué depende la autoestima?


Es durante la infancia, con el cariño y la aprobación adecuada de los padres, cuando se va formando el auto concepto de la persona, un exceso de cariño o sobreprotección perjudicaría al niño en el crecimiento de su autoestima, si bien lo contrario tampoco sería beneficioso. Los padres deberán dar por tanto un apoyo, reconocimiento y estímulo adecuado que permita que se sientan motivados y puedan desarrollar sus propias habilidades.


La autoestima no depende de los aspectos externos, no se basa en temas materiales, no se necesita ser más joven, más guapo, más listo, más famoso o más rico, tampoco se necesita tener más amigos para mejorar la autoestima. Muchas personas ricas, guapas, famosas e influyentes, con una situación aparentemente ideal, tienen graves problemas de autoestima. Aunque tener satisfechas nuestras necesidades básicas y contar con buenos amigos, puede hacer que nos sintamos mejor con nosotros mismos, no mejorará necesariamente nuestra autoestima.


La autoestima depende de aspectos internos de la persona, de nuestra actitud ante la vida, de la confianza que tenemos en nosotros mismos.


Es también importante distinguir entre la autoestima real, la propia, que sería la opinión que la persona tiene de sí misma y la inducida, que dependería de la valoración externa, de la consideración o apreciación que hacen otras personas sobre nosotros. Los refuerzos sociales, halagos, expresiones gestuales, reconocimiento social, etc. podrían influir positivamente en nuestra propia autoestima.

¿Cómo mejorar la autoestima?

Es necesario conocer cómo funcionamos, cuáles son nuestras fortalezas y aspectos positivos y cuáles son nuestras limitaciones. A partir de esta valoración, decidiremos qué aspectos deseamos mejorar y cuáles reforzaremos. El plan de acción para cambiar determinadas características debe ser realista y alcanzable, tenemos características que tendremos que aceptar y con las que convivir, intentando sacar partido y ver su aspecto positivo.

Algunas claves para mejorar la autoestima:
  • Tenemos que querernos a nosotros mismos, en la misma medida que queremos a los demás.
  • No idealizar a los demás.
  • Evaluar las cualidades y defectos.
  • Hemos de saber integrar nuestros valores, nuestras creencias con nuestra conducta, con nuestros hechos. Necesitamos principios que guíen nuestras vidas.
  • Controlar los pensamientos.
  • No buscar obsesivamente la aprobación de los demás.
  • Ante las dificultades de la vida, pensar que son normales, inherentes a ella.
  • Tomar las riendas de la propia vida, aprender a reflexionar en silencio, a meditar, y escuchar a sí mismo.
  • Afrontar los problemas sin demora.
  • Disfrutar del presente.
  • Hemos de realizar nuestros sueños, pero sin perder de vista nuestras responsabilidades, sin alejarnos de nuestra realidad
  • Aprender de los errores.
  • Practicar nuevos comportamientos.
  • No exigirse demasiado.
  • Aceptar el propio cuerpo y condiciones de vida, ello no implica que no podamos mejorar, significa no estar en guerra contra nosotros mismos.
  • Ser independientes, hemos de pensar por nosotros mismos, los demás no nos tienen que dictar nuestros pensamientos y mucho menos nuestra conducta.
  • Saber aceptar la soledad en determinados momentos o etapas de nuestra vida, somos seres sociales y nos necesitamos unos a otros para sobrevivir, pero hay momentos en que no podemos estar acompañados y no por ello tenemos que sentirnos abandonados.

Tener una autoestima adecuada nos hará más felices y contribuirá a que tengamos más éxito en los retos, tareas o proyectos a los que nos enfrentemos.

"La confianza en sí mismo es el secreto del éxito". Ralph Waldo Emerson

domingo, 14 de octubre de 2012

DIFERENCIAS INDIVIDUALES, personalidad, temperamento, carácter


¿Qué tipo de persona soy? ¿A qué debería dedicarme? ¿Para qué estoy más dotado? ¿Padeceré algún desorden mental en el futuro? Estas son algunas de las preguntas que seguramente nos hacemos y a las que no siempre encontramos respuesta.

Desde tiempos remotos ha habido un gran interés en las diferencias individuales, tanto por lo fascinante que resulta saber sobre la variabilidad humana como porque las distintas habilidades y comportamientos que nos diferencian ayudan a establecer nuestra propia individualidad y a predecir el comportamiento ajeno. Este conocimiento tiene importantes repercusiones en nuestro desenvolvimiento personal, profesional o académico. Si nos asomamos a la historia podemos comprobar algunas de las clasificaciones que se han hecho sobre aptitudes, características y peculiaridades personales.

En la Grecia clásica desde Homero a Platón, Aristóteles o Cicerón ofrecieron diferentes explicaciones al origen de la inteligencia, las capacidades personales, las diferencias individuales, fundamentos de la inteligencia o definición de persona.

El médico y filósofo Hipócrates (460-355 a.C) planteó la doctrina de los humores, que sería la primera teoría de las diferencias individuales, especialmente en lo que al temperamento y carácter se refiere. Hipócrates, partiendo de una propuesta de Empédocles, asumió que los elementos básicos que componían la naturaleza se encontrarían también representados en el cuerpo humano en forma de cuatro humores: La Sangre, La Bilis Amarilla, La Bilis Negra, La Flema, los cuales darían origen a:

El tipo sanguíneo, en el que predominaba la sangre, caracterizados por un gran entusiasmo, volubles y activos.

El tipo colérico, en el que predominaba la bilis amarilla, que serían irritables.

El tipo melancólico o nervioso, en el que predominaba la bilis negra, con tendencia a la tristeza.

El tipo flemático, en el que predominaba la flema, apático y frio.

Cuando hablamos de diferencias individuales, encontramos conceptos como temperamento, carácter, personalidad, inteligencia, de esta última hoy no hablaremos.

Podríamos definir el temperamento como la base biológica del carácter, estable en gran parte y hereditario que influye en la conducta, sería como el armazón/esqueleto de la personalidad.

El carácter, se refiere a la forma individual que el componente afectivo-dinámico del comportamiento adopta en el hombre, implica rasgos tanto heredados como adquiridos.

La personalidad que aúna tanto el temperamento como el carácter, es relativamente estable, aunque puede experimentar algunos cambios en base al aprendizaje y la experiencia, refleja el carácter único del individuo y manifiesta en la conducta las fuerzas o disposiciones que residen en la persona.

Cada individuo es único y todas y cada una de las personalidades son únicas, resulta por tanto imposible comparar una persona-como-un-todo con otra persona-como-un-todo. Sin embargo, hay una serie de características y rasgos que pueden resultar comunes, que han originado una serie de modelos explicativos.

Más cerca en el tiempo, resulta interesante el modelo PEN de Eysenck, que tiene su origen en las tipologías temperamentales de la medicina griega antes mencionado, según este modelo tendríamos las siguientes dimensiones dobles, con polos opuestos:

Extraversión/Introversión: dentro de la que estarían rasgos primarios relativos al grado de sociabilidad, actividad, vitalidad, dominancia, asertividad, búsqueda de sensaciones y despreocupación, entre otros.

Neuroticismo/Estabilidad: esta dimensión tiene que ver con los niveles de activación y labilidad emocional (estabilidad/inestabilidad), cuyos rasgos serían la ansiedad, estado de ánimo deprimido, baja autoestima, tensión, timidez, sentimiento de culpa en el polo negativo.

Psicoticismo/Control de Impulsos: esta dimensión se centra en los rasgos relativos a la agresividad que manifiestan los individuos, egocentrismo, falta de empatía, carácter antisocial, impulsividad, frialdad en los afectos en su polo negativo.

Otros modelos explicativos como el de los 5 Grandes, con una gran aceptación o el de los 16 factores de Cattell buscan encontrar un marco de referencia integrador que sirva de explicación de las diferencias entre individuos.

En otro lado, encontramos El Eneagrama de la Personalidad, propuesta de clasificación de personalidad resultado de una elaboración histórica occidental a partir de ideas místicas orientales, según este sistema habría nueve tipos de personalidad distintos, representados como vértices de un eneagrama, se clasificarían en función de su abordamiento del mundo en: antipáticas (contra el mundo o contracorriente), apáticas (alejadas del mundo, en posición de observador) y empáticas (con el mundo), y de su sensación, (superiores al mundo) o (iguales al mundo) o (inferiores). De estos dos factores con tres valores cada uno se obtienen las nueves combinaciones/eneatipos posibles.

Eneatipo 1: perfeccionistas, detallistas, ordenados, juiciosos y comprometidos. En su mejor aspecto son tolerantes y éticos.

Eneatipo 2: su atención está puesta en los demás, en ayudar, esperan agradecimiento a cambio. En su mejor aspecto son altruistas.

Eneatipo 3: están pendientes de su imagen y del éxito, muy trabajadores, efectivos e individualistas, pueden resultar vanidosos, en su estado más sano son sinceros y productivos.

Eneatipo 4: tienen intereses artísticos profundos, gran sensibilidad, se consideran distintos a los demás, necesitan destacar, pueden ser envidiosos, en su mejor faceta son empáticos y creativos.

Eneatipo 5: personas con intereses científicos, ascetas, bastante objetivos, observadores, suelen ser avariciosos, autosuficientes, no suelen hablar de sus sentimientos, en su mejor faceta son generosos.

Eneatipo 6: suelen ser excelentes amigos, fieles, con gran respecto a las normas y la moral. Necesitan de la autoridad aunque a veces huyen de ella. Suelen ser miedosos, en su mejor aspecto resultan valientes y buenos compañeros.

Eneatipo 7: les atrae el placer, llenos de alegría y ganas de disfrutar, muy entretenidos, con muchos planes. Pueden huir del presente y no cumplir con compromisos a largo plazo, no suelen profundizar. En su mejor vertiente son capaces de disfrutar el presente de manera plena.

Eneatipo 8: justicieros, pueden caer en los excesos y autoritarismo, lideres natos. Tienen una fuerte personalidad. En su estado más favorable son protectores y ayudan de forma bondadosa.

Eneatipo 9: son pacificadores y mediadores, pueden ser perezosos, tranquilos, serenos. En su mejor aspecto resultan buenos mediadores, calmando los extremismos.

Seguramente, al leer este artículo, te habrás visto reflejado en alguna o varias de las clasificaciones citadas, casi todos tenemos rasgos de varias de las dimensiones citadas, situar a un individuo en una dimensión u otra es una labor delicada que exige un trabajo cuidadoso por parte de un especialista. Sin embargo no está de más, que a título personal cada uno meditemos en cómo somos, qué cosas nos atraen, en qué somos mejores, en lo qué tenemos que mejorar… ese autoconocimiento nos resultará muy útil en nuestra vida diaria y nos haré crecer como personas.

¿Iguales o diferentes? A pesar de las afinidades y coincidencias, cada uno de nosotros posee peculiaridades, habilidades y conocimientos singulares que le hacen único, exclusivo y no replicable. Estas diferencias sazonan las relaciones humanas y aumentan el interés por conocernos unos a otros.

sábado, 8 de septiembre de 2012

EL COMPLEJO MUNDO DE LOS AFECTOS, PASIONES, DESEOS

Decía Seneca que “un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que solo le falta abrir la boca para caer en ella”.

Deseos, pasiones, placeres, afectos, sentimientos, emociones varias, todos ellos conforman un complejo mundo en el que estamos inmersos. En el discurrir del tiempo, se han producido cambios y tendencias sobre lo que debe imperar en el comportamiento humano, razón frente a emoción, mente o corazón, especulando sobre qué es mejor. Pascal consideraba vergonzoso sucumbir al placer, frente a esta postura estaba la de la ilustración en la que se volvió a recuperar el concepto de placer, Voltaire decía: “El paraíso terrenal está donde yo estoy”. 

En los últimos tiempos hay una corriente cada vez más fuerte que sitúa a las emociones como críticas y vitales, a la hora de gobernar nuestra vida, la inteligencia emocional se ha hecho hueco en este laberinto de palabras y conceptos.

Para muchos resulta verdaderamente difícil saber qué es lo que están sintiendo, diferenciar sus emociones, poner nombre a los afectos, según muestran las estadísticas, una de cada siete personas, padece de alexitimia, que quiere decir “sin palabras para los afectos”, estas personas tienen dificultad o les resulta imposible reconocer y expresar tanto sus propias emociones, como las de las personas que les rodean. Aunque es bastante frecuente, no es muy conocido por quienes lo sufren, además es un problema que afecta a más hombres que mujeres. En algunos casos, la alexitimia se ha asociado a otras patologías: trastornos de la conducta alimentaria, toxicomanías, psicopatías y sobre todo a trastornos del espectro autista. Sin llegar a lo patológico, para muchos no es fácil orientarse en el mundo de las emociones y los afectos, nos ayudaría conocer el significado de algunos de los protagonistas de este puzle.

Las pasiones son inclinaciones, tendencias de gran intensidad, vehementes e impetuosas. Son más fuertes que las emociones y en muchas ocasiones atropellan el razonamiento y la inteligencia. Se dan más en la juventud, siendo más difíciles de controlar. Varían en su intensidad y frecuencia, y de unos a otros, pero están en nuestro repertorio de afectos y aparecen cuando nos enamoramos, cuando emprendemos un proyecto ilusionante o realizamos una actividad placentera, a unos les apasiona la música, a otros el arte, los viajes …el cine, siempre hay algo que nos agita y apasiona.

Ilusiones, tienen con ver con afanes, deseos, esperanzas que se desean satisfacer, influyen en el estado de ánimo, propician el optimismo y la aspiración por conseguir algo.

Deseo es pretender algo con ímpetu y fogosidad, una fuerte inclinación de la voluntad hacia algo o alguien que nos empuja al conocimiento del objeto o persona deseada. El deseo tiene un componente más inmediato y superficial que su compañero “el amor”. No podemos vivir sin deseos. En la depresión grave, una de las manifestaciones más comunes, es la falta de deseo o interés por los placeres de la vida, la apatía y desgana.

El placer está directamente relacionado con el deseo, obtenemos placer de conseguir lo deseado, es la satisfacción que recibimos, el disfrute del logro o la consecución de lo apetecido.

El amor, hay tantas definiciones y formas del mismo que necesitaríamos mucho tiempo para repasarlas, tan solo diré que el amor envuelve un proyecto de vida, tiene una proyección de futuro y es más profundo y duradero que el deseo, aunque el amor con mayúsculas recoge e incluye: deseo, pasión, placer y tiene un fuerte sentimiento de base. 

La palabra afecto tiene que ver con el modo en que somos impactados interiormente por lo que sucede a nuestro alrededor, en nuestro particular mundo afectivo tenemos sentimientos, motivaciones, pasiones, emociones, ilusiones y deseos. Cruzándose unos con otros y mezclándose en cada momento y situación.

Los sentimientos serían la forma en la que expresamos nuestra afectividad, se relaciona con el pensamiento, la imaginación, la representación. Hay sentimientos vitales, sensoriales, psíquicos y espirituales. Podemos sentirnos tristes, ilusionados, motivados para la acción, etc.

Las emociones respecto a los sentimientos suponen una conducta motora. Se han planteado muchas teorías respecto a las emociones, resulta interesante la Teoría de la Expresión Facial de las Emociones, que establece que los humanos, disponemos de un surtido de expresiones faciales para expresar diferentes emociones: tristeza, miedo, alegría, asco, sorpresa… siendo comunes y reconocibles para todas las culturas.

Cuando experimentamos el amor, la pasión, el deseo, se producen sensaciones, percepciones diversas, para que seamos capaces de percibirlas, entender lo que oímos, reconocer lo que vemos, interviene la corteza cerebral, esta parte del cerebro es indispensable para entender una voz, comprender un gesto, distinguir entre una expresión amenazadora o una gratificante. Asimismo la amígdala recibe información de la corteza cerebral (racional), ajustando los pensamientos que se hayan producido, eliminando un sentimiento si no hay motivo o potenciándolo si lo hubiera.

De lo anterior podríamos concluir que razón y emoción trabajan juntas y pueden modular los sentimientos y la conducta, aunque en la práctica no resulta tan fácil, seguramente muchos habréis estado en situaciones en las que sentíais un fuerte impulso hacia algo o alguien, a pesar de que vuestra lógica os indicaba lo poco conveniente de ese deseo. La clave sería encontrar el punto de equilibrio para que estas dos fuentes de información (razón y emoción) interactúen y trabajen en nuestro beneficio. 

Disfrutar de la vida es esencial, solo así podremos ser felices, para ello es preciso tener una actitud positiva, incluso cuando estamos en situaciones difíciles, ser capaces de ilusionarnos, de desear, de experimentar una pasión arrebatadora, de amar intensamente, de sentir, de percibir sensaciones y abandonarnos al disfrute bien entendido.

Te propongo un pequeño analísis ¿Sabes verdaderamente lo qué deseas? ¿Qué es lo que sientes? ¿Cuál es el motor de tu vida? ¿Qué haces para conseguirlo? Y ahora que lo sabes ¿Eres valiente para ir en esa dirección?, pero recuerda que “El corazón tiene razones que la razón ignora”. Blaise Pascal.

martes, 24 de julio de 2012

MEMORIA OLFATIVA


Entro en casa de mis padres y de repente un aroma dulce, cálido y especiado invade todo el pasillo, tiene un toque de limón … sin querer empiezo a recordar cuando era pequeña y volvía del colegio, según subía por la escalera iba percibiendo ese aroma a natillas caseras, rápidamente me he trasladado varias décadas atrás.

El olfato es un sentido poderoso, podemos reconocer hasta 10.000 olores distintos, mientras que solo reconocemos 200 colores, también es más sensible que cualquier otro de nuestros sentidos, el tacto y el gusto deben viajar por el cuerpo a través de las neuronas y la espina dorsal antes de llegar al cerebro, sin embargo el olfato es el único que va directamente a la corteza cerebral, lo que le hace el más rápido de todos, además el olfato, es el único lugar donde el sistema nervioso central está expuesto directamente al ambiente.

Para los animales el sentido del olfato es básico para su supervivencia, les sirve para identificar a los depredadores y otros peligros de su entorno, en los seres humanos resulta menos importantes en ese sentido, sin embargo hay una relación importante entre el comportamiento humano y el olor.

El olfato nos permite reconocer distintos aromas, comparar con los que tenemos en nuestra memoria y descubrir nuevos perfumes. Los olores tienen una gran conexión con la memoria, un olor puede traer a nuestra mente recuerdos de una forma más rápida que cualquier otro estímulo, revivir momentos felices de nuestra vida o volver a experimentar malos momentos. El olfato nos permite pasar de lo sensorial a lo experimental.

¿Por qué sucede esto? El bulbo olfatorio, la zona donde recibimos información de los receptores olfativos, está en el sistema límbico, en esta zona del cerebro se procesan las emociones, los recuerdos, reacciones fisiológicas y también situaciones que nos producen ansiedad. La estrecha relación entre el olfato y las emociones es debido a la interconexión de las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de ambas sensaciones, siendo la amígdala, que forma parte del sistema límbico, el centro integrador por excelencia.

Podemos decir que las percepciones olfativas no sólo interactúan íntimamente con las emociones sino que comparten circuitos cerebrales. En estudios de imágenes cerebrales se ha comprobado que la amígdala se activa inmediatamente ante una percepción olfativa, actuando los olores como despertador de recuerdos y emociones intensas.

¿Qué importancia tiene el sentido del olfato?

Según un estudio reciente sobre el olfato y las emociones elaborado por los Laboratorios Vicks, basado en entrevistas a 1.009 personas a partir de 15 años de edad, para más del 75% de los entrevistados el olfato es uno de los sentidos más importantes y para un 10% es el más importante.

Para tres de cada cuatro personas el olor tiene bastante o mucha importancia en las relaciones personales, el 63% rechazaría a una persona por su olor, frente al 37% que lo haría por su físico, en este aspecto la diferencia es más marcada entre las mujeres, para los hombres el olor y el aspecto físico tienen pesos similares. Respecto al grado de preocupación por el olor corporal es similar entre hombres y mujeres. Lamentablemente un 2% de la población padece anosmia, una deficiencia sensorial que les impide disfrutar de todo un mundo de aromas, aunque también les evita hedores desagradables.

¿Qué aromas preferimos? ¿A qué huelen las personas?

A lo largo de la historia se han utilizado plantas, esencias y extractos varios para confeccionar perfumes que ambientaran estancias y perfumaran a las personas, ocultando otros olores menos agradables. Las preferencias por los aromas, han variado de un país a otro y en función de la época. Hay sin embargo una clara preferencia por los olores de las flores y la naturaleza, que tienen un efecto estimulante en el estado de ánimo.

Cada persona tiene un olor característico, este dependerá de su alimentación, el clima de donde viva, el consumo de fármacos, las hormonas propias de su sexo, cambiantes en distintos momentos de la vida, etc. en algunos casos, ciertas enfermedades metabólicas influirán en el olor corporal. La combinación de estos factores, dará como resultado un determinado olor, propio y definitorio de esa persona.

Una gran parte de las personas considera el aroma una de las principales armas de seducción. El perfume para muchos se ha convertido en una seña de identidad. Además de las aromas artificiales, presentes en los productos de nuestro aseo personal, cada persona de manera natural e inconsciente, emite señales olorosas invisibles.

Hace más de medio siglo se descubrieron las feromonas, unas sustancias químicas secretadas tanto por animales como humanos, que se utilizan como medio de comunicación y que se asocian con una irresistible atracción sexual. Los humanos emiten estas sustancias a través del sudor, la orina y las secreciones glandulares. Estas sustancias son capaces de producir cambios en el comportamiento del receptor de dichos mensajes.

Jean-Baptist Grenouille, el protagonista de la novela El perfume, se convirtió en un asesino para robar el aroma de ciertas doncellas y fabricar el más singular y sublime perfume, “el del ser humano”, sin llegar a tal extremo, los humanos tendemos a modificar nuestra conducta en respuesta a los aromas que percibimos.

Todavía queda mucho para poder entender mejor la supremacía de la memoria olfativa y su influencia en nuestras emociones, pero no cabe duda que tiene un claro efecto. Nuestra percepción del mundo, las personas que nos rodean, lo que nos atrae, los alimentos que comemos, los lugares que visitamos, cada cosa que hacemos, de todo ello nos llegan aromas invisibles que nos emocionan.

"El perfume es la forma más intensa del recuerdo. Debe ser como el tema central del Bolero de Ravel. Una especie de lenta obsesión." Jean Paul Sartre


Psicología para el día a día