No cabe duda de que esta frase es una contradicción en si misma y nos hace pensar que cualquier cambio no está en nuestras manos, ya que no todo depende de nosotros, mas bien son nuestras circunstancias, externas y fuera de nuestro control las que nos condicionan.


Sin ánimo de entrar en discusiones filosóficas al respecto, tanto en lo que somos como en lo que hacemos y nos ocurre, influyen factores que a veces se escapan a nuestro control, sin embargo todavía hay mucho que podemos hacer para superar las situaciones que nos hacen infelices, ya sean limitaciones personales, problemas de relación, etc.


Me gustaría poder compartir con vosotros algunos artículos sobre temas que nos afectan a muchos y que para algunos representan un problema, en mayor o menor medida. En algunos casos un problema puede llegar a limitar la vida y a producir sufrimiento propio y de los que nos rodean.


Recuerda que:


La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Benjamin Franklin

sábado, 16 de febrero de 2013

EL DUELO – ENFRENTÁNDOSE A LA PÉRDIDA

Aún no había cumplido los veinte cuando mi abuela materna falleció, no tenía mucha relación con ella, era una mujer tímida, poco expresiva, de la que apenas recuerdo gestos tiernos hacia mí. Esa fue la primera vez que estuve en contacto con la muerte, por primera vez me sentí vulnerable, entonces no lloré, años después hablando con mi madre, se me saltaron las lagrimas al recordar su pérdida.

La pérdida de un ser querido, un familiar cercano o amigo es una de las experiencias más dolorosas a las que nos enfrentamos a lo largo de la vida, al proceso que sigue a la pérdida, lo llamamos duelo, también se produce duelo en un divorcio, separación, cuando alguien pierde su trabajo, al quedar inválido por un accidente y en otra serie de situaciones. Hoy nos centraremos en el duelo por pérdida de alguien amado.

El proceso de duelo, tiene consecuencias físicas y emocionales, como irritabilidad, ansiedad y alteraciones en el comportamiento (aislamiento social, somatizaciones). También aparecen de una forma intensa sentimientos de miedo, desolación y tristeza. El miedo es una emoción que experimentamos por ataque, pérdida o muerte. Cuando perdemos a un ser querido se mezclan estos miedos, produciendo un claro malestar.

El duelo es una etapa normal de adaptación, que conlleva un tiempo y no se considera patológico. Algunas fuentes establecen un periodo de entre 6 y 12 meses, aunque a veces, se podría prolongar varios años. En algunos casos, la intensidad de las manifestaciones y el largo periodo de tiempo del duelo hace que se convierta en  patológico, en España  los datos revelan que alrededor de un 16 por ciento de las personas que sufren la pérdida de un ser querido, sufren de un cuadro depresivo durante el año siguiente al fallecimiento, esta  cifra aumenta hasta alrededor  del 85 por ciento en la población mayor de 60 años. Además, alrededor de 5 de cada 100 personas, pueden experimentar alucinaciones e incluso sentimientos de culpa que se intensifican tras el periodo normal de adaptación a la pérdida.

En el tiempo que transcurra para superar la pérdida y lo agudo de sus manifestaciones, influirán varios factores relacionados con las circunstancias de la muerte (cómo se produjo, edad del fallecido) y las del doliente (edad, salud, recursos físicos e intelectuales, dependencia, relación con el fallecido).

El proceso consta de varias fases, que en situaciones normales, conducen  a la superación de la muerte del ser querido y a una progresiva adaptación a la nueva situación:

Negación y aislamiento (de pocas horas a una semana): la negación permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante, permite tiempo para recobrarse.

Ira (varias semanas): se mezclan envidia y resentimiento, se buscan culpables, surgen todos los por qué. 

Pacto o negociación (unas pocas semanas): se intenta llegar a un acuerdo, aclarar ideas para intentar superar lo traumático de la vivencia.

Depresión
(de un mes a un año): Aquí se desarrollan sentimientos de tristeza, angustia o depresión, que se expresan a través del llanto, nostalgia, confusión y melancolía. Aparece el miedo, básicamente a la soledad y al desamparo.

Aceptación y recuperación (después del año): tras las etapas anteriores, empieza a sentirse cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, ya no se siente tanta necesidad de hablar del dolor de la pérdida, la vida se va imponiendo. Se acepta la pérdida, se produce una recuperación y reorganización de la persona, que recupera todas sus capacidades anteriores, en algunos casos sale incluso reforzado.

Hay algunas cosas que  puedes hacer y que te ayudarán a pasar por las fases del duelo y a superarlo:

Date permiso para estar mal, necesitado, vulnerable, aunque creas que es mejor no sentir el dolor  o evitarlo con distracciones, al final el dolor saldrá a la superficie. Este es el momento para sentir dolor, acéptalo, es natural, acepta que ahora estarás menos interesado en tus ocupaciones, menos atento, que durante un tiempo tu vida será diferente.

Abre tu corazón. Siente y expresa las emociones que surjan, no las pares. No te hagas el fuerte, no te guardes todo para ti,  con el tiempo el dolor irá cediendo. Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo... por la perdida, es parte del camino que tienes que recorrer.

Busca y acepta la ayuda de otros. Sigue en contacto con los demás, no te aísles, necesitas su apoyo, su atención. Pídeles lo que necesitas, permite que tus familiares y amigos te acompañen, te ayuden. Es importante que tengas alguien de confianza con quien puedas hablar y expresar tus sentimientos, sensaciones, alguien que te escuche y anime.

Date tiempo para recuperarte. No te crees expectativas mágicas, prepárate para las recaídas, un suceso inesperado, aniversario, fiestas, volverán a traer a tu memoria recuerdos a los que tendrás que enfrentarte. Se paciente y amable contigo mismo. 

No tengas miedo a volverte loco. Vas a vivir sentimientos intensos de tristeza, rabia, abatimiento, culpa… deseos de morir...  se tratan de reacciones habituales después de la muerte de un ser querido, pasarán.

No descuides la salud. Después de los primeros días, intenta volver a tu rutina, hazte un horario, descansa, duerme lo suficiente, no abuses del alcohol, el tabaco o los ansiolíticos. Si tienes algún problema crónico de salud no descuides el tratamiento habitual. 

Intenta ser paciente con los demás. Algunos te dirán cómo debes sentirte, qué debes hacer, durante cuánto tiempo… te parecerá que algunos no comprenden por lo que estás pasando, seguramente será así, es complicado saber qué decir en esos momentos, aunque bien intencionados, no siempre transmitimos al doliente lo que debemos. 

Aplaza las decisiones importantes. Cambiarte de casa, de trabajo, emprender un negocio… En este momento, probablemente no podrás pensar con la debida claridad, sería más conveniente esperar hasta resolver la pérdida para tomar ese tipo de decisiones.

Recupera el interés por la vida. Aceptar el presente y el pasado es fundamental para poder proyectar el futuro. Las situaciones amargas, ayudan a valorar la vida, enseñan que la vida se puede escapar de entre las manos, por lo que es mejor aprovecharla al máximo y disfrutarla.

Confía en tus recursos para salir adelante. Piensa en situaciones difíciles que hayas vivido antes, recuerda cómo las resolviste, repítete que “saldrás adelante, que lo conseguirás, que ya lo hiciste antes”. 

La vida en su constante discurrir nos sorprenderá y sacudirá con la pérdida de personas amadas, familiares, amigos y  conocidos  por muerte u otras circunstancias, no podremos evitarlo, tendremos que enfrentarnos al dolor que significa y aprender a vivir con ello, con el tiempo, el dolor pasará y aquellos que fueron importantes para nosotros siempre ocuparan un lugar en nuestros corazones y su recuerdo nos acompañará en nuestra vida.

Vivir no es sólo existir,
Sino existir y crear,
Saber gozar y sufrir,
Y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir

Gregorio Marañón

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